 |
Capacitación
tecnológica para la gestión judicial
Por Héctor M. Chayer
Publicado en Revista Electrónica de Derecho Informático
(R.E.D.I.), Nº 18 - Enero de 2000
Los poderes
judiciales de todo el mundo, y de Argentina en particular, están
viviendo un acelerado proceso de introducción de tecnologías
de la información. Hoy ya resultan habituales los procesadores
de textos e impresoras, a la vez que se difunden cada vez más
sistemas de distribución aleatoria y compensada de expedientes,
pequeñas redes locales, sistemas integrales de gestión,
e incluso en algunos casos, sistemas de consulta remoto de expedientes,
como las Mesas de Entradas Virtuales de la Provincia de Buenos Aires.
Pero suele olvidarse
una parte clave del 'sistema' informático, que no es ni la
infraestructura de hardware, ni el software, sino los operadores
humanos del mismo. A la hora de invertir, casi el ciento por ciento
se dedica a equipos y programas, siendo la capacitación la
gran olvidada. Es cierto que en las licitaciones informáticas,
se prevé la capacitación de los usuarios del Poder
Judicial. Y que cada vez más, los reglamentos internos de
diversos Poderes Judiciales argentinos, cuando organizan el régimen
de ingreso al Poder Judicial de empleados, profesionales y funcionarios,
entre los requisitos suelen incluir la operación de computadoras
en la función de procesamiento de textos.
Si bien estas
previsiones pueden parecer a priori suficiente para el uso inicial
de un procesador de textos y eventualmente una planilla de cálculos,
no deberá perderse de vista que producir un cambio cultural
a nivel organizacional es una condición indispensable para
la introducción exitosa de las tecnologías de la información
y las comunicaciones (en adelante, Tics) en el sistema judicial.
Siguiendo las líneas del Plan Nacional de Reforma Judicial
, consideramos que el proceso de capacitación debe enfocarse
hacia la formación de nuevas competencias tecnológicas
en los miembros del Poder Judicial. Entendemos por competencia:
"la aptitud
o idoneidad para actuar en un campo específico. La competencia
para realizar alguna actividad supone siempre:
a) dominio de algunos conocimientos;
b) algunas reglas para actuar;
c) alguna experiencia.
Son conjuntos complejos de habilidades y destrezas que posibilitan
la acción en un amplio espectro de situaciones" .
El objetivo
de lograr personas competentes tecnológicamente es central
en este proceso, y debe apuntarse tanto a las capacidades intelectuales
en orden a lidiar con cantidades crecientes de información,
como a la habilidad para utilizar las herramientas informáticas
(como un procesador de textos), explorar nuevos dispositivos y procesos,
seguir secuencias de instrucciones, así como la actitud proclive
al cambio y favorable a la manipulación y a la experimentación.
Tratar eficazmente
con la información en el nuevo paradigma definido por las
Tics implica poseer otras competencias además de las capacidades
básicas, tradicionalmente requeridas en el Poder Judicial
(correcta expresión oral y escrita, comprensión de
documentos habituales, razonamiento lógico, hábito
racional de trabajo). Intentando una enumeración incompleta,
podemos enunciar la capacidad para el pensamiento sintético,
la captación rápida de estructuras conceptuales en
información abundante, habilidad para abordar la complejidad,
percibir nexos y relaciones. En síntesis, poseer la capacidad
de condensar la información, almacenando el significado.
No olvidemos
que para lograr aprendizajes efectivamente significativos, y por
lo tanto perdurables en el tiempo, deberá promoverse el esfuerzo
de integrar conocimientos con habilidades para la acción,
evitando aprendizajes fragmentados. Desde los estudios de D. P.
Ausubel, es un lugar común considerar como el factor más
importante que influye sobre el aprendizaje la cantidad, claridad
y organización de los conocimientos que ya posee el alumno.
Por ello, las estructuras cognoscitivas previas resultan decisivas
en tanto brindan el encuadre de las nuevas ideas; pero si intentamos
incluir nuevos procedimientos tecnológicos en el marco cognoscitivo
del tratamiento de la información propio de la cultura de
la imprenta, o no se lograrán aprendizajes significativos,
o se deformarán las nuevas capacidades, cayéndose
en la subutilización de las herramientas disponibles. No
debe perderse de vista que la cultura organizacional de los poderes
judiciales es fuertemente conservadora, refractaria a los cambios,
y con un importante poder para conservar el statu quo organizacional,
muchas veces aprovechando (indebidamente) garantías constitucionales
como la inamovilidad, cuyos fines ciertamente son otros..
Algunos ejemplos
pueden ilustrar a que nos estamos refiriendo cuando hablamos de
capacidades intelectuales, habilidades y actitudes necesarias en
la actual sociedad de la información. El uso de computadoras
en los tribunales permite acumular en ciertos procesos muchos documentos
en formato digital; llegado el momento del fallo, resultará
sencillo reproducirla en su totalidad en el cuerpo de la sentencia,
sin análisis alguno. Las funcionalidades del "portapapeles"
(cortar, copia y pegar) son ideales para este mecanismo de construcción
de un nuevo documento. Para evitar esto deberá fomentarse
la capacidad intelectual de síntesis, esencial en el entorno
de la sociedad de la información caracterizado por la disponibilidad
de enormes volúmenes de información y facilidad de
tratamiento. Otro caso posible y cada vez más frecuente es
la repetición mecánica de las fundamentaciones en
las sentencias, aun en resoluciones con sentido diverso, fruto del
uso crítico e indiscriminado de modelos fácilmente
reproducibles. Deberá proveerse capacitación específica
a los magistrados para una argumentación precisa, concisa
y suficiente, así como un adecuado juego de incentivos que
desaliente las prácticas descriptas. Yendo al campo de las
habilidades y actitudes, debe asumirse la característica
propia del dinamismo científico y técnico de nuestra
sociedad, de incorporar continuamente nuevos procedimientos. Por
ejemplo, la firma digital , las tecnologías al servicio de
la prueba, etc., que sin una capacidad de exploración, manipulación
y disposición al cambio permanente en los operadores del
sistema, verán demorada su incorporación y efectivo
uso en las oficinas judiciales.
Planificar un proceso de capacitación con un enfoque tecnológico
significa percibir:
1) cómo
se opera con diversos procedimientos, utilizando los equipos informáticos;
2) qué problemas pueden resolverse con mayor eficiencia mediante
la aplicación de nuevos procedimientos y dispositivos.
No debe perderse
de vista que la capacitación judicial en Tics debe diseñarse
abarcando desde el impacto de la revolución digital en el
Derecho, hasta la operación de aplicaciones informáticas
específicas. Esto es crítico en el nivel de magistrados
y secretarios, en su carácter de responsables de la oficina
judicial. Es habitual pasar por alto el primero de estos dos puntos
en los proyectos de informatización, lo cual conduce a la
subutilización de los recursos tecnológicos y la perduración
de procedimientos obsoletos que no logran ser desplazados por los
nuevos, ante la falta de las competencias necesarias para su operación.
Insistimos con que debe evitarse la reducción del proceso
de capacitación a lo puramente instrumental, de determinados
procedimientos o habilidades elementales para el manejo de una o
varias aplicaciones específicas. Estos enfoques son los que
fomentan muchas veces el envío del empleado más joven
a los cursos de capacitación, para que aprenda "que
tecla hay que apretar", y conducen a despilfarrar recursos
muy onerosos a través de la subutilización en la gestión
cotidiana. En definitiva, los tan meneados procesos de implantación
de sistemas no son más que un conjunto de acciones necesarias
para que un sistema sea utilizado en forma eficiente por sus destinatarios.
Por eso, deben preverse recursos suficientes, proporcionales a su
importancia, para una exitosa introducción de las Tics en
la Justicia.
En síntesis:
· El
proceso de capacitación para la introducción de Tics
debe apuntar a la formación de "competencias" nuevas
en un marco cultural emergente, radicalmente diverso del derivado
de las tecnologías de la imprenta atadas al soporte papel.
· Debe llevar a comprender tanto la lógica de funcionamiento
de los dispositivos, a adquirir las destrezas necesarias para manipularlos,
como a adoptar criterios para utilizarlos apropiadamente.
· Deberá evaluarse el efectivo impacto de las innovaciones
de los hábitos de trabajo en las oficinas judiciales a posteriori
de las actividades de capacitación, y procederse cíclicamente
a su revisión en talleres y seminarios ad hoc.
· Para garantizar el respaldo indispensable para el éxito
de esta transformación de la cultura organizacional, se aconseja
enfáticamente contar con recursos suficientes y comenzar
por los niveles superiores, con particular hincapié en las
garantías de seguridad, eficiencia y confiabilidad de los
sistemas a implementar; y alcanzar con carácter obligatorio
y continuo a todos los integrantes del Poder Judicial.
Héctor
Mario Chayer
hchayer@foresjusticia.org.ar
|
 |